Bach Extrisimo

La historia de Bach se remonta por año mil novecientos quince cuando los hermanos Pere y Ramón, de apellido Bach i Escopet, se trasladaron a Sant Esteve Sesrovires desde Barna y adquirieron la finca “Can Estrada”, cuyos antecedentes datan del siglo XVIII. Merced a las ventajas logrados con el comercio del algodón, Leer Más

los hermanos Bach pudieron invertir en la puesta en marcha de la bodega que, poquito a poco, fue medrando con la adquisición de nuevas fincas hasta sumar una extensión de trescientos sesenta y cinco hectáreas. La cosecha de mil novecientos veinte, a base de Xarel·lo y Macabeo, marcó la ansiada puesta de largo de Bach.

Pere y Ramón Bach se instalaron en el Penedés con la idea de hacer un vino destinado al envejecimiento y de ahí que edificaron una cava de noventa y cinco metros de longitud. Más tarde poblaron su interior con mil barricas de roble bordelés que habían comprado a cincuenta pesetas la unidad. Los hermanos Bach dieron la idea del vino y fueron, al lado de sus enólogos, responsables de su sello. Asimismo buscaron en su pasado textil para darle nombre y hallaron el “extrísimo” con el que se conocía al algodón de primera calidad traído de Egipto y también India. Las primeras botellas de Bach estuvieron en la mítica Exposición Universal de Barna de mil novecientos veintinueve.

No obstante, la Guerra Civil truncó una parte del esplendor alcanzado por Bach en los felices años veinte y tuvo trágicas consecuencias para la familia: Ramón murió y su hermano Pere, si bien subsistió a la batalla, quedó muy marcado por su recuerdo. Unos años después, en mil novecientos cuarenta y dos, decidió vender la finca. En los años siguientes, Bach Extrisimo tuvo múltiples dueños que, entre otras muchas cosas, impulsaron la construcción de metros y metros de galerías subterráneas destinadas al envejecimiento del cava y acometieron la renovación comercial y enológica de la bodega.

En el año mil novecientos setenta y cinco se generó un nuevo y terminante trasvase con la llegada de la familia Raventós, que adquirió la finca y también integró Bach Extrisimo en su conjunto de bodegas.

Ha pasado bastante tiempo desde ese momento, mas la lealtad al espíritu de los hermanos Bach ha continuado inalterable: calidad, originalidad y personalidad en sus vinos y cavas”.

La bodega-mansión de Bach empezó a erigirse en mil novecientos dieciocho. La obra fue llevada a cabo bajo la dirección del arquitecto técnico José María Sala, quien ya antes de empezar la construcción recorrió las primordiales zonas de producción vinícola de Italia y Francia para buscar modelos en los que reflejarse.

Al final, optó por un eclecticismo que reunía las proporciones y el ritmo renacentista de la Toscana, con un aire mediterráneo puramente de España, más blanco y radiante. Los contrastes se pueden querer en todo la construcción. La simetría prácticamente perfecta de la parte central de la testera queda rota en los extremos: bajo los arcos de inspiración italiana aparecen ventanales de signo de España, el patio interior trae recuerdos de Andalucía que quedan diluidos entre el clasicismo de las columnas y la cúpula acristalada que lo cubre y las dependencias interiores combinan una elegancia aristocrática con la colorista porcelana mediterránea.

Así, la ambiciosa y también renovadora concepción de los Bach queda reflejada en el aspecto actual de la finca, con su espléndido palacio central, la extensa explanada de entrada, el sereno patio interior y los suntuosos salones de la mansión.

Tras la adquisición de Bach por la parte del Conjunto Codorníu, se efectuaron una serie de ampliaciones y remodelaciones que dieron su forma actual de la bodega. En mil novecientos ochenta y ocho, el arquitecto técnico Domingo Triay proyectó una nueva sala de embotellado y expedición y en el dos mil uno, se edificó una sala de barricas. Los cambios han respetado en todo instante las líneas maestras de la construcción original.

Extrísimo Semidulce

Invítame a descubrir la dulzura del Xarel·lo matizada por el Macabeo, que, tras seis meses de crianza en roble americano, se torna amarillo con tonos dorados, evocando un complejo aroma frutal y floral con notas de manzanilla, acacia, bergamota y miel, y redondeado con finas notas de madera. Su sabor muestra una genial estructura y equilibrio dulzor-acidez con un toque de madera que se presenta como el complemento idóneo para foie y quesos azules, piscolabis, mariscos y guisos de pescado y todo género de dulces y pastelería.