Pago De Los Capellanes

Desde los comienzos de esta aventura, el matrimonio Rodero – Villa, rodeados de un inusual equipo, y apostando por una forma muy particular de concebir el vino, ha conseguido actualmente cumplir un sueño que se remonta a mil novecientos ochenta, y que su Pago de los Capellanes acaricie ese anhelado reconocimiento de calidad tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, con vinos de perfil moderno, con aires atlánticos, muy elegantes y sabrosos, y ejecutados con la suficiente maestría a fin de que no olviden el origen de su raíz castellana. Leer Más

El día de hoy, ciertos grandes vinos de la Ribera del Duero deben su prestigio al esmero de ciertas familias que a largo y ancho de su larga o bien corta historia han mantenido 2 demandas básicas: calidad y personalidad.
Prueba de ello es la ejemplar trayectoria que ha llevado a cabo el matrimonio Rodero-Vila y su equipo desde sus comienzos, que apostó por establecerse en la Ribera del Duero en mil novecientos ochenta, específicamente a un quilómetro escaso del pueblo burgalés de Pedrosa de Duero, en el llamado Pago de los Capellanes, una pedanía que cobijaba en el siglo XIV una parroquia, y cuyos capellanes ofrecían misas y oraciones a cambio de pequeñas parcelas de terreno. No obstante, en mil ochocientos cincuenta y cinco, con la llegada de la desamortización de Mendizábal, las propiedades de la iglesia y el clero retornan a manos del municipio, mas los habitantes de Pedrosa prosiguieron llamando al sitio Pago de los Capellanes, donde había viñas y un majuelo trabajado a lo largo de años por generaciones, que ha llegado a transformarse en una de las bodegas familiares más populares de la Ribera del Duero, las Bodegas Rodero-Villa, y hoy día Pago de los Capellanes.

Historia de la bodega

La finca de los Capellanes se ubica en torno a un conjunto de 8 nogales centenarios que forman un rectángulo como claustro, y la conservación de esos 8 nogales centenarios ubicados en las viñas fue el punto de inicio que determinó el emplazamiento de la bodega. Desde el comienzo se optó por un esquema que realzara esta preexistencia en forma de patio y a su alrededor se desarrollarían las distintas unas partes de la bodega.

La primera fase se edificó en mil novecientos noventa y seis, con un ingeniero de Logroño que diseñó y efectuó el primer edificio siguiendo la línea tradicional, con un edificio de planta cuadrangular en el lado oeste del patio de nogales donde se cobija la una parte de entrada de la uva en vendimia y los depósitos de fermentación.
En el año mil novecientos noventa y nueve se decidió ir avanzando en el proyecto, mas con un estilo más acorde a los nuevos tiempos, con lo que encargaron la construcción al arquitecto técnico Jesús Manzanares, que comenzó a proyectar con la cooperación de la hija del matrimonio, Estefanía Rodero que asimismo es arquitecto, los consecutivos edificios que conforman el día de hoy el complejo de la bodega y que acabaron en el año dos mil diez con la construcción social, concebido como el factor de unión entre las distintas unas partes de la bodega, que aparece sobre la bodega de crianza, con una figura apaisada y pura, integrando su construcción en el paisaje natural. Acá se hacen las funciones propias de acogida, visita y relaciones humanas. Es un espacio abierto que enmarca unas espectaculares vistas mediante grandes cristaleras y plantea un recorrido fluido y afable a la bodega. El conjunto de la bodega tiene actualmente ocho mil metros cuadrados construidos.

Filosofía de trabajo

Se ampliaba la bodega y asimismo los viñedos, con lo que la familia Rodero-Villa es hoy día dueña de ciento veinticinco hectáreas de viñedo, todo en espaldera y de Tinto Fino, dividido en treinta y cinco parcelas que se realizan separadamente.

Si bien en un inicio apenas había unas pocas cepas escogidas, un año tras otro se han ido multiplicando con los mejores clones de Tinto Fino y algo testimonial de Cabernet Sauvignon y Merlot, con lo que hoy día Pago de los Capellanes está dividido en treinta y cinco parcelas, donde cada una recibe un cuidado adaptado conforme sus peculiaridades para conseguir de ellas los mejores frutos.
Asimismo, a lo largo de los meses anteriores a la vendimia se efectúan controles diarios de muestras en todos y cada parcela, cogiendo uvas por la mañana y por la tarde, examinando la evolución de los racimos, prensando 100 bayas de cada parcela y estudiando su maduración. En los viñedos se consiguen cinco mil kg de uva por hectárea, muy bajo los siete mil tolerados por el Consejo Regulador de la Ribera del Duero, lo que garantiza una mejor calidad y control de la materia prima.

El proceso de crianza se hace en una bodega subterránea con un calado de diez metros de profundidad donde descansan los vinos en barricas de roble francés nuevo, de 1 a tres años, con una selección de veintidos géneros de roble conforme su origen: Alier, Nevers, Centro, secado al aire libre entre veinticuatro a sesenta meses, y con niveles diferentes de torrados.

Vinos de la bodega Pago de Capellanes

Pago de los Capellanes realiza 5 vinos: Joven Roble, Crianza, Reserva y 2 vinos de parcela, Nogal y Picón, los vinos más singulares, mas solo se realizan y comercializan en cosechas inusuales. Por poner un ejemplo, la primera agregue de Nogal fue el dos mil tres, más tarde asimismo se realizó en el dos mil cinco y dos mil seis, mas se no realizó en dos mil siete, dos mil ocho y dos mil nueve, y apareció de nuevo en la agregue del dos mil diez. Por otra parte, la primera agregue de Picón fue la de mil novecientos noventa y nueve, mas no se realizó en el dos mil, dos mil uno, dos mil dos y dos mil tres, y apareció de nuevo en las agregues del dos mil cuatro, dos mil nueve y dos mil diez.
Se puede destacar que los procesos de preparación de todos y cada uno de los vinos de Pago de los Capellanes prosiguen un proceso muy afín. Entre ellos está la fermentación alcohólica y maloláctica espontánea; o sea, sin adición de diastasas escogidas y sin adición de bacterias en la maloláctica, con lo que la bodega dispone de pies de cuba con diastasas autóctonas del sitio.

Entonces, a lo largo del encubado se efectúan remontados y bazuqueos diarios controlando densidad, temperatura y evolución de la población de diastasas. A lo largo de la fermentación maloláctica se controlan los índices de ácido málico y ácido láctico, y cuando el ácido málico está bajo 0,1 gr/l se hace el trasiego apartando las lías, y sin filtrar ni aclarar ni pasar por frío se lleva de manera directa el vino a barricas, y tras su crianza se filtra por cartuchos de poro abierto ya antes de embotellar.

Pago de los Capellanes Roble se realiza con Tiento Fino proveniente de veinte parcelas y recibe un paso de 5 meses en barricas nuevas de roble francés de trescientos l. Es un vino de aroma intenso, floral y a fruta roja del bosque, que se acopla con los toques lácticos y vainillas propios de su breve paso por madera. En boca es extenso, muy elegante, persistente y afelpado, sin perder la viveza de los vinos jóvenes de la Ribera.

Pago de los Capellanes Crianza nace de un coupage de dieciocho parcelas de Tinto Fino con un envejecimiento de doce meses en barricas de roble francés de torrado medio. Tiene un aroma muy franco, con un buen equilibrio fruta-madera en el que se funden los tonos de vainilla con fruta bien madura, frutos negros y de bosque. En boca sobresalen las notas de cuero y regaliz, con un paso suave, mas con taninos finos que proyectan final en boca y un postgusto largo y muy elegante.

Pago de los Capellanes Reserva nace de 2 parcelas de Tinto Fino y una crianza de dieciocho meses en barricas de roble francés de torrado medio. En nariz es complejo, con tonos de fruta madura, singularmente cereza, grosella, cassís, en armonía con los tonos de buenas maderas, condimentas (vainilla, coco) y un fondo de regaliz. En boca presenta un enorme equilibrio, con un paso sabroso, goloso por la madurez de sus taninos y alegre por su parte por la buena acidez.

Pago de los Capellanes “El Nogal” es un vino una parcela de seis hectáreas de Tinto Fino, proveniente de una selección clonal de la Finca El Picón, con suelo arcilloso calcáreo, y una crianza de veintidos meses en 4 géneros de barrica de roble francés nuevo. Es un vino de estilo opulento y envolvente, con aromas de flores y frutas frescas, de vainilla, cacao, torrefacto, cuero nuevo, sándalo y especiados; con paladar sustancioso, potente y complejo, con un postgusto largo, intenso, de uva muy madura y taninos redondos y nobles.

Pago de los Capellanes “El Picón” procede de una parcela de 2 hectáreas con una selección clonal de Tinto Fino de la Finca El Picón, en suelo franco-arcilloso con gravas en la superficie, y una crianza de veintiseis meses en barricas nuevas de roble francés de grano elegido. Se advierten los primeros aromas balsámicos, las moras y sotobosque propios de la Ribera, con toques condimentados tradicionales en el roble francés, como la canela, el cuero, el tabaco, la trufa, y el regaliz negro. La entrada en boca es compleja, con taninos dulces que envuelven el paladar y lo cubren con una excepcional redondez, largo y persistente. Un enorme vino de guarda.