Vinos Blancos

El vino blanco es una pluralidad de vino que puede fluctuar entre las tonalidades amarillo pajizo, amarillo verdoso o bien amarillo oro. Se genera por la fermentación alcohólica de la pulpa no coloreada de uvas que pueden tener una piel de color blanco o bien negro, a fin de sostener un color amarillo transparente en el producto final. La extensa pluralidad de vinos blancos procede de la enorme cantidad de cepas y métodos de preparación empleados, como de la relación de azúcar residual. Leer Más

Vinos Blancos

El vino blanco se calcula que se consume desde hace dos mil quinientos años. Ha acompañado el desarrollo económico y se ha instalado en todos y cada uno de los países con tradición en el consumo de vino, primordialmente en Europa, América y Oceanía.

Las uvas blancas que generan eminentemente vinos blancos son de color verde o bien amarillo, una pluralidad muy extendida en el planeta, por lo que este vino es producido en muchas zonas del planeta. Ciertas variedades son bien conocidas, como la chardonnay, sauvignon y la riesling. Asimismo hay variedades de uva negra, como la pinot noir, usadas para generar vino blanco o bien champán.

Entre los muchos géneros de vino blanco, el vino blanco seco es el más frecuente. Aproximadamente aromatizado y ácido, se deriva de la fermentación completa del mosto. Los vinos dulces son aquellos donde se interrumpe la fermentación antes que todos y cada uno de los azúcares de la uva se transformen en alcohol. Los vinos espumosos, que son en su mayor parte vinos blancos, son aquellos en los que el dióxido de carbono de la fermentación se sostiene disuelto en el vino y se transforma en gas cuando se abre la botella, ofertando una frágil espuma.

El vino blanco se consume frecuentemente como temtempié ya antes de las comidas, con el postre, o bien como bebida refrescante. Es maridado de forma tradicional con la carne blanca y asimismo con determinados géneros de quesos. Su consumo asimismo ha sido frecuentemente asociado al de pescados y mariscos.

Historia

Antigüedad

El primer indicio de vino que se ha encontrado ha sido fechado hace siete mil quinientos años, en el presente Van a ir, mas los resultados de las excavaciones arqueológicas no han sido capaces de determinar desde qué temporada empezó a ser producido vino. La epigrafía habla de la presencia del vino en Oriente Medio: se genera en las “tierras altas” (las fronteras entre las montañas de Anatolia y Armenia) y después importados a Mesopotamia, sobre todo desde el 3er milenio a. C.. Las tablas de Hattusa describen el vino con el término “wiyana” en la lengua hitita, GEŠTIN en sumerio,[N 1] y karânu en acadio.

En la vieja Grecia el vino ya había sido desarrollado y usado desde Hipócrates, un médico nacido cerca de cuatrocientos sesenta antes de Cristo que lo prescribe generalmente a los pacientes. Empleaba “Vino vinoso blanco” y “vino blanco amargo” entre sus antídotos, una muestra de la diversidad de la producción en ese instante.

En la temporada romana el género de viticultura practicado por los helenos fue su modelo a lo largo de un buen tiempo, y la producción incluía vino blanco. Los ricos patricios romanos organizaban banquetes donde el costo de el alimento era un signo de prestigio, y en la gama de productos costosos el vino jugaba un papel predominante. Los ciudadanos más ricos edificaron lujosas villas en la bahía de Nápoles, donde la parra había sido cultivada desde su introducción por los helenos. El aminum o bien uva vieja generaban un vino blanco dulce producido como vino caliente que se semeja al Madeira actual. La conquista de las zonas más al norte animó a los romanos a cultivar la parra y la preparación de vinos más ligeros y menos dulces. Asimismo les animó a buscar nuevas variedades silvestres amoldables a estas zonas distantes donde las variedades mediterráneas mostraron sus límites. Por poner un ejemplo, se plantaron parras en las riberas del Rin para otorgar a las legiones romanas una bebida saludable en comparación con el agua, que raras veces era potable. El vino se tomaba fresco en verano y caliente en invierno, una práctica que todavía pervive en el s. XXI.

Edad Media

Los mercaderes de vino no pudieron subsistir a la caída del Imperio Romano de Occidente y la viticultura se redujo drásticamente. Las tribus germánicas preferían tomar cerveza y no vieron el valor del comercio del vino, aparte de que los vikingos cortaron las sendas marítimas en el Atlántico. En el sur, los sarracenos realizaron campañas militares en el sur de Europa que transformaron en despoblados esenciales zonas vinícolas como Languedoc, Provenza, el sur de Italia y el val del Duero.

El conocimiento sobre la cultura de la parra fue preservado por la Iglesia Católica: el vino era preciso para la celebración de la misa y los frailes plantaron parras en las latitudes altas y también acrecentaron las áreas cultivadas monásticas. Bastante difícil de transportar y guardar, el vino se sostuvo a lo largo de bastante tiempo como un producto para el consumo local. El comercio se restituyó en un inicio una vez que el enriquecimiento de los nobles y obispos, en tanto que, del mismo modo que con los romanos, el arte de la mesa reflejaba la reputación del huésped.

El comercio fluvial fue de suma importancia en el desarrollo de los viñedos. Los países germánicos se favorecieron de la navegabilidad del Rin y el Danubio para poder exportar su producción. Carlomagno contribuyó a este desarrollo a través de la promulgación de su Capitulare de villis que incluía un conjunto de reglas sobre el cultivo de la parra en todas y cada una de las áreas. Fue una temporada de gran desarrollo de la cultura del vino blanco en Alemania y Austria. Los viñedos de Europa central llegaron a cien hectáreas, que era 3 veces y media la superficie de la década de mil novecientos noventa. Desde el siglo XIII, los mercaderes que distinguen el vinum hunicum (“vino de los hunos”), que era consumido por el pueblo, del francio vinum (“vino de los francos”), que era el vino de la aristocracia rica. Fueron reconocidas las variedades de Riesling y Sylvaner desde finales de la

Edad Media.

Una parte del comercio europeo fue por mar durante la costa atlántica. Los ingleses, ahora, los holandeses y después los escandinavos en su demanda de vino, crearon una moda para la siembra entre Burdeos y La Rochelle. Cuando se introdujo la producción de vino a riberas del Charente, en el s. XVII, los vinos blancos de Charente fueron clasificados como coñac. Al tiempo, el vino blanco seco popular entre los holandeses se generó al norte, en torno al puerto de Nantes desde las actuales áreas del Val del Loira. Estos viñedos y los del Sudoeste de Francia tenían sus redes de ventas merced a la navegabilidad del Loira y el Garona.

En la cuenca mediterránea las Cruzadas enriquecieron las repúblicas contrincantes de Venecia y Génova. Para proveer a las tropas de los ricos señores francos estas repúblicas les daban vino de Grecia. El puerto de Monemvasía, que exporta un sinnúmero de vino blanco, dio su nombre a la pluralidad Malvasía. Una vez de vuelta a casa, los gobernantes y ricos aristócratas noreuropeos se interesaron por los vinos dulces que gozaron en Oriente, provenientes de uvas de los viñedos de Languedoc-Roussillon y España. El comercio de estos vinos se vio facilitado por su alto contenido de alcohol, que garantizaba la preservación a lo largo del largo viaje cara el norte de Europa.

Edad Moderna

En mil cuatrocientos cincuenta y tres el Imperio Otomano tomó Constantinopla y la situación de los venecianos y genoveses se estropeó. El comercio del vino entre la Europa mediterránea y el norte se redujo significativamente. Al tiempo, los españoles terminaban de concluir su Reconquista y sustituyeron el vino mediterráneo por el de producción propia, singularmente para los usuarios holandeses y también ingleses. El puerto de Sanlúcar de Barrameda empezó a exportar grandes cantidades de vino blanco que era el ancestro del moderno Jerez. Este vino fue llamado saco y ocasionó sensación en Inglaterra. Aun pese a la beligerancia entre los dos países (como en el episodio de la Armada Insuperable en mil quinientos ochenta y ocho) el comercio siguió -en ocasiones proporcionado por los piratas que hurtaban lo que no podían adquirir. Entre cuarenta y sesenta barriles de quinientos litros cada uno de ellos salieron de la costa de España anualmente para Inglaterra y los Países Bajos (este volumen de unos trescientos hectolitros representaría 2 tercios de la producción de en nuestros días).

Desde el siglo XVI se plantaron las primeras parras europeas en América: primero en México y ahora en Perú, Bolivia, Argentina, y Chile. Esta producción se agregó a las cepas autóctonas que medraban en México, si bien esta producción precolombina no era para la producción de vino, puesto que las uvas estaban demasiado ácidas. Fue usado para generar acachul, una bebida edulcorada con miel y frutos.

La Pequeña Edad de Hielo supuso la sentencia de muerte de la viticultura del norte. La parra desapareció del norte del Imperio Germánico y de Baden, y la altitud máxima para la viticultura descendió a doscientos veinte msnm. Hans-Jürgen Otto observó que: “todos y cada uno de los viñedos padecieron una enorme minoración en el área”. En Inglaterra, la parra asimismo desapareció. La interrupción de la fermentación por un invierno frío llevó al descubrimiento del proceso de fermentación secundaria de champán.

El enriquecimiento de una parte de la población creó una moda de los vinos extraños. Este fenómeno, que ya era responsable del desarrollo del jerez en Inglaterra, se reprodujo en Centro Europa. El descubrimiento de las ventajas del cultivo de uvas blancas se hizo en torno a mil seiscientos cincuenta en Hungría con el desarrollo de vino Tokaji. Hugh Johnson declaró que: “el Tokaji de hace 3 siglos fue el mejor vino dulce del planeta, que fue heredado de una tradición vitivinícola de larga duración”.[b 9] Desarrollado con una uva cuya madurez inusual se debe a un secreto comercial, este vino desarrolla asimismo sus cualidades mediante un proceso que a lo largo de bastante tiempo se sostuvo en secreto en sus bodegas subterráneas. Apreciado por la Casa de Habsburgo, el Tokaji ensayó un comercio rentable. No fue sino más bien hasta ciento veinte años después, cuando se ensayó un procedimiento de vendimia tardía en las escarpadas riberas del Rin. Su utilización para el Sauternes fue confirmada en mil ochocientos treinta y seis en el Château La Tour Blanche, mas en ese instante la cosecha dio un vino de gran sabor que requería múltiples años de envejecimiento en barriles.

Otras zonas asimismo descubrieron secretos que enriquecerían el vino. De esta manera fue que un fraile llamado Dom Pérignon fue el legendario autor del champán. En un viñedo nórdico desarrolló un vino singular que daría sitio a una pasión inusual por el vino producido en un tiempo en el que no se podía aguardar que alcanzase la madurez ni el color suficiente.

La moda de tomar vino blanco seco asequible empezó en la ciudad de París en el siglo XVIII: para evadir el impuesto singular los parisinos tomaron la costumbre de ir a tomar su vino en los locales de productores fuera de la urbe. Empezaron a abrirse cabarets en los suburbios, llamados guinguettes (afines a las tascas) con lo que el vino que se servía asimismo fue llamado “guinguet”. Se trataba de un vino de las colinas del Sena o bien del Marne, agrio, mas las condiciones de transporte de la temporada no dejaban que fuera consumido de forma prematura.